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Asesinos natos

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Escrito por Darío Vilas   
Martes 15 de Febrero de 2011 06:00

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Han pasado dieciséis años desde que se estrenara la polémica película Asesinos Natos, de Oliver Stone. Muchas cosas han cambiado en el mundo desde entonces, pero su discurso podría considerarse que continúa vigente. Podría ser, pero con algunos matices. En aquella época la película causó gran revuelo, y coleccionó admiradores y detractores a partes iguales. Unos pedían que se la considerase como obra maestra; los otros directamente su censura, por hacer apología de la violencia y el asesinato. Sucesos como los de una pareja que se dedicó a ver la película repetidas veces, bajo los efectos de drogas y alcohol, para después intentar emular los crímenes de sus protagonistas, aceleraron el proceso de censura en muchos países, y un aluvión de denuncias contra su director, con el escritor John Grisham a la cabeza. Toda una caza de brujas. Pero, ¿era justificada tanta polémica?

Oliver Stone pretendía con su filme criticar la violencia y el miedo que los medios estadounidenses vendían al gran público, pero desde una perspectiva muy arriesgada. El sistema era similar al que en su momento utilizó Kurt Cobain para mostrar su repulsa hacia aquellos desaprensivos que habían violado a una chica mientras le cantaban la canción Polly, de Nirvana. A raíz de este suceso, el cabeza visible del grunge compuso otro tema en el cual repetía enfermizamente Rape me (Viólame), y que podía ser interpretada desde el ángulo contrario; como una apología pro-violación. Stone quiso ilustrar su crítica hacia la violencia con violencia explícita. Muy explícita, tan exagerada que llega a resultar cómica, y por momentos incluso se acerca al espíritu del cartoon.

¿Cómo podía nadie considerar a esos personajes histriónicos y exagerados como un ejemplo a seguir? La respuesta está en la mente de cada uno, y considerar que la película puede desencadenar violencia y oleadas de crímenes es absurdo. Esa pareja de psicópatas (que no fue la única) hubiera asesinado de todos modos si no llegasen a ver nunca la película, de eso estoy seguro. El detonante hubiera sido otro, quizás un videojuego, tal vez un libro, o sencillamente otro asesino real al que hubieran querido emular. Sus cerebros estaban enfermos, y culpar a una obra de ficción, que encima han malinterpretado, es ridículo.

Re-visionada hoy en día puede que no tenga un efecto tan demoledor, porque hemos visto infinidad de películas, series o videojuegos mucho más violentos, pero en el año 94 nadie había presenciado un espectáculo violento y surrealista de tales dimensiones. Su puesta en escena era innovadora, brutal, con un montaje acelerado y complicadísimo que se ya es objeto de minucioso estudio en las escuelas de imagen y sonido. No en vano, les llevó a sus responsables once meses de trabajo el completarlo. Mezcla de imagen real con animación, stop motion, cámara digital, analógica, de vídeo, cine... etc. Oliver Stone utilizó todos los recursos que la tecnología le ofrecía por entonces para crear un colage mórbido de difícil digestión.

¿Obra maestra o locura?   

Cuando vi la película por primera vez lo hice bajo el prisma del adolescente que era, y me impresionó como sólo a un púber puede hacerse. La revisé decenas de veces en muy poco tiempo (y sin provocar en mí el menor deseo de asesinar a nadie, todo hay que decirlo), e incluso coleccionaba objetos, reseñas y posters dedicados a la película. Pero el tiempo ha pasado. Hace un par de años me topé con la edición especial en DVD del filme, y no pude resistir la tentación de comprármelo. Temía el momento de volver a ver la película, pensando que me pasaría como con tantas otras que ves después de años y descubres que han perdido todo su encanto.  Fue así y no.

Vista desde la óptica del adulto que soy, Asesinos Natos me sigue pareciendo una gran película por muchos motivos. Por lo atrevido de su planteamiento, por el mensaje que (al menos yo) capto; en contra de la violencia que venden y generan los medios. También por sus actores (que me resultan tan valientes como el propio director) y porque simplemente puedes dejarte llevar por el efecto hipnótico que provocan sus imágenes, y que enmascaran las no pocas lagunas de guión que tiene. Quizás sí que, con el tiempo, se la pueda llegar a considerar una obra maestra, ya que cumple con todos los requisitos, y desde luego se puede decir que estamos ante una obra de culto. Aunque lo fue de manera inmediata tras su estreno. Pero ya no me parece en absoluto una película redonda, sino un delirio con encanto. Oliver Stone, utilizando el método Kurt Cobain, consigue el objetivo. Al fin y al cabo, ¿no es la locura lo que distingue el simple talento de los verdaderos genios?
   
“Una especie mata a otra especie. Nuestra especie mata a todas las especies, y lo llaman industria, no asesinato”. Mickey Knox (Woody Harrelson en el film).
 



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